Dos futbolistas iraníes que viven como refugiadas en Australia continúan su carrera deportiva tras integrarse a entrenamientos con un club local.
Los hechos ocurren en Brisbane, donde el equipo ha abierto sus puertas para que las jugadoras sigan activas en el futbol profesional, pese a su situación migratoria.
El caso refleja cómo el deporte puede convertirse en una oportunidad para reconstruir vidas, mientras las autoridades deportivas y locales facilitan su integración.